NADA DE LO HUMANO LE ERA EXTRAÑO

Rafael Aubad López

Desde 1964 y hasta su muerte tuve una complicidad amorosa con Gonzalo. Significó una gran amistad; entendida como un esmerado y respetuoso cultivo del nosotros Con una facilidad mucho más grande de su parte; en su corazón y su mente tenía de manera simple y cotidiana, el sentido de lo humano. Muchos recordaron al momento de su pérdida tal especial virtud.

Sus modos de expresión afectuosa eran ilimitados y originales. Con una comprensión sabia del otro y de las circunstancias. Una compañía permanente de días y semanas, si era necesario, en los momentos de nuestro dolor o sufrimiento; una flor mágica no esperada ante la tristeza de un acontecimiento desesperanzador; una golosina, que él suponía o sabía era de nuestro gusto, en los momentos de sequedad angustiosa; unos regalos bien originales y amorosos para los empleados más humildes de los sitios que frecuentaba y que lo recibían con gran alegría.

Siempre me pregunté por qué era tan fácil para Gonza el afecto. He pensado en tres modos de su vivir, que lo enriquecían en ese sentido: el caminar con sentido; una filosofía existencial basada en las pequeñas cosas; y la afirmación constante de su libertad.

En su libro, «El elogio del caminar», dice David Breton: «… ese caminar con sentido que se hace con placer en el corazón, ese que invita al encuentro, a la conversación, al disfrute del tiempo, a la libertad de detenerse o de continuar el camino. Una invitación al placer y no guía para hacer las cosas correctamente. El goce tranquilo de pensar y de caminar». Y agrega Roland Barthes: «…es posible que caminar sea mitológicamente el gesto más trivial y por lo tanto el más humano».

No sé cuántas veces caminó Gonza la ciudad. Buscando entender el mundo que lo rodeaba y como puente para compartir con las gentes; en esquinas, en cafés, en restaurantes, en bibliotecas. Era un gran narrador de historias que nutría y se nutría de tantos contertulios anónimos de esos ires y venires y por supuesto de ese otro caminar profundo, el por los mejores libros de todos los tiempos.

Disfrutaba de los placeres más simples. Descubrir la sazón cotidiana de los restaurantes frecuentados por las más diversas personas; el mundo de los crucigramas, enfrentado no solo con ese cerebro lleno de información y conocimiento, sino con sus Kilométricos irrenunciables; oyendo un radio, ya no sé de qué siglo, siempre inseparable; y el pan y los libros, como nutrientes esenciales del relacionamiento, pues los consideraba el mejor goce y los compartía con generosidad.

El más profundo contratiempo que tuve con Gonza, fue cuando un día me prestó su Kilométrico y lo embolaté. Se volvió un sirirí, como el que más, y casi durante un día; hasta que apareció. Es que hacía parte de una afirmación personal, singular, complementada por sombreros y carriel, que durante sus últimos años hicieron parte esencial de su personalidad. Ay que se perdiera alguno de estos tres objetos particulares de su identidad. Y ajeno a toda programación de su vida. Siempre descubriendo y descubriéndose.

Sus poemas, de los cuales hoy gracias a un gran alumno-amigo, Álvaro Lobo, se reeditan algunos, expresan mucho de su personalidad activa. Con la métrica de las circunstancias y del ser; del otro. Con humor negro – siempre ese sentido de lo no esperado y de la crítica ingeniosa. Musicales, como recurso sensual; de celebración de acontecimientos; de amor cortés, pero también del más profundo y original erotismo, como el mejor ingrediente de su existencia vital. Y por supuesto sobre ese sentir trascendente que tenía del vivir.

Su familia encontró en su nochero una nota escrita con su Kilométrico que decía:

Rafa: muchas gracias por hacerme copartícipe del delito de lesa amistad. Traspasar un umbral, es la posibilidad de encontrar nuevos caminos rociados con la confianza y el vino, para esquivar obstáculos metafísicos y…abrazos Quienes lo conocieron saben que su nota les es propia. Fue generoso amigo de todos.

Introducción al libro de poemas Los ademanes del silencio de Gonzalo Betancur Urán, publicado en mayo 2021, Editorial Pi.