Rudhramoorthy Cheran

Entrevista de Silvia Ryner, de la agencia EFE, al poeta tamil, nacido en Sri Lanka. Poemas.

Rudhramoorthy Cheran nació en 1960 en Alaveddy, una pequeña población en el norte de Sri Lanka. Creció rodeado de los clásicos de la literatura tamil, pero desde muy pequeño también se familiarizó con las obras de los poetas más jóvenes e izquierdistas que frecuentaban su casa.

Durante los años que pasó en la Universidad de Jaffna, la capital cultural de los tamiles, empezaron los conflictos étnicos y los disturbios civiles en Sri Lanka. Cheran los vivió en primera persona. La poesía fue su arma durante esos años y lo siguió siendo durante toda su vida, tras establecerse en Canadá, donde ejerce como profesor universitario.

Navona Editorial publica ahora «Siembra solo palabras», una antología inédita en versión bilingüe (español y tamil) que ofrece una visión completa y fundamental de la trayectoria de Cheran, un poeta que actualmente es considerado uno de los más influyentes y reconocidos de Sri Lanka, y que ha hablado con Efe durante una visita a Barcelona.

Pregunta (P): Hay una idea general en nuestra sociedad de que la poesía se está extinguiendo. ¿Es necesario un cambio para reavivarla o simplemente está destinada a desaparecer?

Respuesta (R): Esta es una generalización típicamente occidental que no se puede aplicar a todo el mundo. A lo mejor es cierto que los lectores de poesía están muriendo, que los poemas ya no tienen el valor que tuvieron en otras épocas, pero esto es así en Europa o Estados Unidos, no en todo el mundo.

Hay muchas civilizaciones con una relación completamente diferente con la poesía de la que tienen los países de Occidente. Por ejemplo, la civilización árabe o la tamil, de donde yo provengo, tienen una relación mucho más cercana a la poesía. Los tamiles somos una de las civilizaciones más antiguas del mundo, tenemos más de 3.000 años de historia y la poesía siempre ha tenido un lugar muy importante en nuestra cultura. Lo ha tenido y lo tiene.

Por otra parte, si realmente quieres calcular la popularidad que tiene la poesía en un sitio no puedes sólo contar los libros de poemas que se venden, no es un buen indicador. Si mi libro está a la venta en una librería no habrá mucha gente que lo compre, pero si voy a una lectura de poemas y recito mis versos seguramente casi todo el público lo comprará al final. Cuando represento mis obras en India, porque en Sri Lanka no puedo, pueden llegar a asistir más de 10.000 personas que estarán recibiendo mis poemas.

P: Empezó a escribir poesía desde muy joven. ¿Cómo se adentró en ella? ¿Cuáles fueron sus inicios?

R: De hecho empecé a escribir poesía cuando era un niño. Tenía sólo 6 años. Mi padre era «Mahakavi», el Gran Poeta, y se le considera una de las principales figuras literarias en la escritura moderna tamil de Sri Lanka. Empecé a recitar su poesía desde que aprendí a leer. Me interesé en la lectura muy pronto, leía de todo y la literatura comenzó a formar parte de mi. Publiqué mis primeros poemas con 9 años y ya no paré.

P: Durante todos estos años ha escrito muchísima poesía y a pesar de que es bilingüe todos sus poemas están escritos en tamil. ¿A qué se debe?

R: Me crié hablando únicamente tamil. Más tarde, cuando empecé a estudiar, aprendí inglés. Lo acabé dominando del todo cuando estudiaba en la Universidad de Jaffna, una época que coincidió con el comienzo de la guerra civil y las revoluciones en esta ciudad. En ese momento tuve dos opciones: unirme al movimiento militar y luchar o abandonar el país. Pero decidí quedarme y trabajar en un periódico que publicaba en inglés, el Saturday Review. Era alternativo y permitía la libertad de expresión y opinión defendiendo los derechos fundamentales para las minorías.

Después de ese período me exilié y el inglés se convirtió en mi otra primera lengua. La mayor parte de mi trabajo académico es en inglés, así como mis obras de teatro y mis memorias. Prácticamente lo único que escribo en tamil son poemas y eso se debe a que mi poesía creció en un entorno cultural y lingüístico muy particular que permanece muy ligado a mi pueblo y su gente. Ya me exilié de mi país, no quiero exiliarme también de mi lengua.

P: ¿Cree que cuando se traduce se pierde parte de la esencia del poema original?

R: Es inevitable que no se pierde nada en el proceso de traducción. Hay algunos poemas que pueden funcionar muy bien cuando se traducen, dependerá de la lengua, las palabras, metáforas e imágenes que el poeta use. Sin embargo, hay también poemas que ni siquiera deberían ser traducidos porque contienen un significado cultural que no es convertible a otras lenguas. La parte buena de conocer el inglés es que puedo trabajar codo con codo con los traductores y asegurarme de que se consiga un buen resultado final.

P: Cuando habla de temas relacionados con la guerra su poesía desprende una fuerte negativa a olvidar y a mantenerse callado. ¿No quiere permanecer en silencio o no puede hacerlo?

R: Cuando hay violencia, racismo y masacres estar callado es algo que no puedes hacer como poeta. Yo, por lo menos, no pude. Esta es la razón por la que acabé en el exilio: por no querer callarme.

P: Ha calificado muchas veces de genocidio lo que ocurrió en la guerra de Sri Lanka…

R: Así es, fue un genocidio. Cuando lo digo hablo como académico, como periodista, como escritor y como testigo. No es una retórica, no exagero. Llamar genocidio a un genocidio se ha convertido en un tema geopolítico. Muchos genocidios del siglo pasado no fueron reconocidos como tales y algunos aún no lo han sido. Hay muchísimas razones por las que los comités internacionales son reacios a llamar a un genocidio por su nombre. Y al final, eso los convierte a todos en cómplices.

P: ¿El gobierno indio fue uno de esos cómplices durante la guerra de Sri Lanka?

R: Lo fue, sin duda, y tengo problemas para renovar mi pasaporte por culpa de esto. Pero no fue el único cómplice. También lo fue China, Pakistán, Irán, Arabia Saudita, Estados Unidos… ¡Incluso las Naciones Unidas! Es el primer genocidio del siglo XXI y fue permitido por todo el mundo.

P: ¿Cómo afectó el trauma de la guerra a su obra poética? ¿No le resultaba muy difícil escribir después de ver atrocidades como la masacre tamil en mayo de 2002?

R: Fue muy doloroso. He visto todo tipo de cosas, las más grandes masacres y horrores. Pero escribir poesía es una forma de afrontar el dolor. El filósofo alemán Theodor Adorno dijo que no podría haber poesía después de Auschwitz. Sin embargo, los poemas que aparecieron eran el resultado de la reflexión sobre las brutalidades del régimen nazi y el Holocausto, algo que ayudaba a sanar las heridas. A mí me pasó algo similar y no pude escribir enseguida. Me tomó tiempo, un silencio traumático era necesario. Pero después empecé a escribir, ¡tenía que escribir! Yo creo que como poeta mi obligación es hablar de lo que no puede ser hablado para que se sepa lo que no puede ser sabido.

P: En esta antología inédita que ahora publica en tamil y español los poemas giran sobre todo en torno a la guerra, el amor y el mar. ¿Por qué el mar?

R: Nací muy cerca del mar. En mi pueblo no había ni montañas ni ríos. El mar era el único espectáculo natural majestuoso al que podíamos acceder. Mi imaginario se vio altamente influenciado por el mar. Cuando escribo y recuerdo mi país me vienen a la cabeza imágenes del mar, del paisaje que yo contemplaba y su grandiosidad. Los tamiles hemos sufrido un montón de tsunamis. Yo viví uno pero sobreviví y ahora puedo contar la fuerza y el poder del mar a través de mis poemas.

1. UN DÍA DE LLUVIA

¿Recuerdas
aquel día de lluvia?

El atardecer
empezó con un tono dorado,
y terminó con un aguacero.

Montabas tu bicicleta a mi lado,
a cierta distancia,
pero nuestras sombras, por alguna razón,
bailaban entre nosotros, entrelazadas,
mientras oscurecía el cielo
y moría el polvo
bajo una lluvia infinita.

Nos protegimos del agua
en una cabaña cercana, y nos secamos la cara;
nos goteaban las manos.

¿Recuerdas
aquel día de lluvia?

Completamente empapados, la tinta corrida,
nuestros apuntes de clase
quedarían sin revisar.

Azotando las ramas de las palmeras,
arrasando las hojas de las majagüillas,
aquel día el viento pareció aliarse con el propio mar.
¡Y cómo llovía!

Tú estabas junto a mí,
y la humedad saturaba la cabaña.
A través de la densa, llorosa oscuridad de la lluvia
en una sencilla línea, la luz
recorre el cielo, y se esfuma.

Un relámpago, exclamas,
pero ya no está cuando vuelvo a mirar.
Mientras acechamos el siguiente,
restalla un trueno.

Desde tu rostro surcado por el agua
un mechón de cabellos húmedos
resbala hasta el cuello;
una oveja perdida.

La lluvia se torna una lenta llovizna;
regresamos a nuestro camino
retomando la calle.

Diablos humanos nos acechan
sus miradas se dirían flechas
lanzas que nos atraviesan.
Pero la calle se quiebra y se esfuma
cuando estamos juntos.

Y otra vez la llovizna;
tú y yo juntos, resguardados
tras la oscuridad de las nubes.

¿Recuerdas
aquel día de lluvia?

2. EL MAR

Contra la orilla
se elevan las olas, con crestas de espuma,
los brazos abiertos
para abrazar a la tierra.

Desde el evasivo horizonte
a la orilla más cercana forrada de arena
un pálido velo azul se desliza,
resbala, se desvanece.

A veces, milagrosamente quieta,
la vasta extensión se despliega,
mirando arriba hacia el cielo,
abajo a la tierra.

En la oscuridad de la última tarde,
como hojas de palmera
levantando y agachando la cabeza,
se elevan las olas
abrazando lo oscuro.
Abrazando lo oscuro
se elevan las olas.

Entonces, a veces,
los botes zozobran camino a tierra,
los remos salpican,
arrojando hojuelas de luz.

Las olas lamiendo la orilla
agrandan
dentro de mí

el mar.

3. UNA TARDE, MIENTRAS LLEGAN LOS BOTES

Sobre mis profundas huellas
hundidas en la arena dorada
las hojas de pandanus
se van extendiendo.
Mientras las hojas de cocotero
bambolean con el viento,
el cielo se espeja en el agua,
y el azul en la distancia
se disuelve en otro azul.

Blancas velas
lentas se acercan a casa desde el horizonte
rasgando nubes opacas y protectoras.

La cortina de la noche aún no ha caído
sobre el atardecer,
pero la luz del sol, suavemente,
se evapora.

Los botes canturrean camino a casa
hacia la orilla.
En el mar abierto
todavía
se deslizan las velas.

Hasta que el amanecer
se desperece y se eleve
los botes descansarán en la orilla
bajo la media luna.

4. DÍA

La vereda de bambú de la orilla
del sinuoso río amarillo,
ahí es donde te encuentras.

Sabes
que no entiendo
tu idioma,
sin embargo, insistes
en gritarme.
Yo solo sé hablar
en mi idioma.
Eso te pone furiosa,
¿pero qué puedo hacer?

Una y otra vez
me escribes cartas
en tu idioma.
Pero ahora,
que no queda amor
entre nosotros,
ya no puedo hacer el esfuerzo.
Pues ahora, la pérdida puede ser mía.
Así, romperé en pedazos tus cartas
y las arrojaré a las llamas.

En los días venideros,
mi gente
también hará eso.

Cuando sople el viento,
en la vereda de bambú de la orilla del río
un fuego se prenderá.
Y también,
llegará hasta tu casa.

5. SEPARACIÓN

Ramilletes de jazmín colgaban de las vides
y capullos de nenúfar poblaban el lago,
al borde de los ribazos
habían florecido los palofierros.
Y yo lo contemplaba.
«Así habría de ser la primavera»,
dijiste tú, y te fuiste. Aquel día.

Hoy
sobre la rama de un haya cobriza
un ave solitaria se estremece
encogiendo las alas,
una nube
lista para un errar largo como la vida,
y al borde de las orillas del lago
erguida sobre una sola pata
una garza solitaria
practica austeridades.

Autor: Cheran. TítuloSiembra solo palabrasEditorial: Navona. VentaAmazon